Mostrando entradas con la etiqueta Romances. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Romances. Mostrar todas las entradas

La ruta del peregrino

¿A dónde irá el peregrino
en su largo caminar?
Quizá, ni él mismo lo sabe,
pues solo le importa andar.
Cruza montañas y valles;
cruza prados y hasta el mar
sin perseguir horizontes
ni volver la vista atrás,
pues el pasado es fantasma
y el porvenir vanidad.
Todo su mundo es lo mismo:
es un constante avanzar;
mas no es pena ni es tragedia,
ni es un destino fatal,
porque sabe que no hay vida
si eres estatua de sal.
Peregrino, solo vives
si puedes peregrinar.

Por tu mirada

Tus ojos son el espejo de mi alma;
son el cielo donde mi estrella brilla;
la noche en la que descansan mis sueños;
son mi alba, el amanecer de mis días;
me abren la puerta del amor eterno;
son luz del mundo y sal para mi vida;
negro tesoro de azabache vivo;
son el consuelo para mi agonía;
dos poderosos agujeros negros
de cuyo influjo huir jamás querría.
Déjame navegar en un crucero
por el océano de tus pupilas.
Mi amor, mírame... ¡Mírame a los ojos!
Borra al mirarme mi melancolía,
pues tu mirada me revela un mundo
para compartir tu dicha y la mía.
Tu eres mi musa de los bellos ojos.
He aquí la pasión que al mirarme inspiras.

Romance para un cuarto aniversario

Nuestro amor es fruta fresca
henchida de dulce jugo,
de un árbol de cuatro estíos
que se yergue frente al mundo.
Uva es que da excelso vino,
pues de amor está hecho el zumo.
Es seda que me acaricia
cuando me siento desnudo.
Es ternura y es firmeza;
es suave, pero profundo.
Es la flor que no marchita.
De una bendición es fruto.
De rosa, sedosos pétalos
es la dicha de estar juntos.

El privilegio de abrazarla (primera versión)


Me pasé siglos buscando
del amor un abacero
y, contra el frío del mundo,
un cálido abrigadero.
Quería domar la angustia,
mas no tenía aceruelo
y mi corazón ceñía
un fuerte acordonamiento.
No encontré nunca debajo
de mis pies afianzamiento
y mis sueños parecían
brebaje de aguardenteros.
Quería purgar mis penas
con fruto del aladierno.
Mi corazón siempre estaba
vigilante, siempre alerto.
Andaba con pies desnudos
y no hallaba almadreñero,
pero encontré el privilegio
de abrazarla: mi alegría,
es mi gozo y mi gran premio.

Romance de los fulgores del alba

Bajo el cielo protector
un hombre canturreaba
notas y versos de amor,
en la noche solitaria.
El llanto cubrió su rostro,
el silencio lo angustiaba
con el terror opresivo
que araña como una garra
al ver el ruinoso mundo
reflejado en sus entrañas.
Su figura entre las sombras
melancólica avanzaba,
esperando, así, la dicha
que en verdad lo consolara.
En el fondo de su ser,
una ilusión palpitaba
avivada por la voz,
aún grabada en su alma,
que una mañana escuchó
para que nunca olvidara
que ser feliz es posible
y que siempre en su mirada
podrá surgir ese brillo
de los fulgores del alba.
La brisa lo acarició
como la seda en su cara,
tuvo una gran alegría que
su espíritu animaba,
pues del cielo le llegaron
palabras que liberaban su
corazón del olvido,
de la muerte y de la nada.
El frío se volvió gélido,
la derrota, cruel espada
y el amor una quimera
hecha persona en su amada.
Del frío brotó la fuerza,
de la derrota, la calma,
la templanza venció al miedo,
sus ojos ya no lloraban,
la vida fluyó en su cuerpo,
sus latidos retumbaban
y en su faz vio una sonrisa
todo aquel que lo miraba,
porque quiso amar y amó
sin esperar alabanzas,
sin escatimar abrazos,
con las heridas cerradas,
sin consentir vana espera,
dándolo todo por nada, sin
perderse en su camino
lleno de fe y esperanza.