Romance de los fulgores del alba

Bajo el cielo protector
un hombre canturreaba
notas y versos de amor,
en la noche solitaria.
El llanto cubrió su rostro,
el silencio lo angustiaba
con el terror opresivo
que araña como una garra
al ver el ruinoso mundo
reflejado en sus entrañas.
Su figura entre las sombras
melancólica avanzaba,
esperando, así, la dicha
que en verdad lo consolara.
En el fondo de su ser,
una ilusión palpitaba
avivada por la voz,
aún grabada en su alma,
que una mañana escuchó
para que nunca olvidara
que ser feliz es posible
y que siempre en su mirada
podrá surgir ese brillo
de los fulgores del alba.
La brisa lo acarició
como la seda en su cara,
tuvo una gran alegría que
su espíritu animaba,
pues del cielo le llegaron
palabras que liberaban su
corazón del olvido,
de la muerte y de la nada.
El frío se volvió gélido,
la derrota, cruel espada
y el amor una quimera
hecha persona en su amada.
Del frío brotó la fuerza,
de la derrota, la calma,
la templanza venció al miedo,
sus ojos ya no lloraban,
la vida fluyó en su cuerpo,
sus latidos retumbaban
y en su faz vio una sonrisa
todo aquel que lo miraba,
porque quiso amar y amó
sin esperar alabanzas,
sin escatimar abrazos,
con las heridas cerradas,
sin consentir vana espera,
dándolo todo por nada, sin
perderse en su camino
lleno de fe y esperanza.