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De lobos y cuervos


¡Cuervos, cuervos, cuervos!
Sobre mi buzón, 
un nido de cuervos
llama mi atención.
¿Es negro el color
de nuestra esperanza?
¿Anuncia un graznido
la nueva mañana?
Oigo unos aullidos. 
¿Pueden presagiar
una buena nueva
que está por llegar?
Entre lobos veo
una humanidad
que clara su esencia
puede recordar.

El callejón del perro blanco

Dos faroles iluminan
el oscuro callejón
donde un perro blanco guarda
el pasillo tras la reja.

Su blanco pelo contrasta
con la penumbra del mundo
del que se erige en guardián.

Dormido parece ser
amigo de todo hombre
que pretenda acariciar
la tenue paz de su sueño,
mas, cuando sus ojos abre,
sus fauces lanzan cuchillos
de ladridos estridentes
que rajan la confianza.

Aquella gruta es su feudo,
allí ejerce su dominio,
mas ¿quien domina a la fiera
tras el lúgubre pasaje?
¿Qué mano humana podrá
calmar la furia encendida
del centinela lobuno?

Al reverso del crepúsculo
dormita una oscura Arcadia
acunada por las nanas
que, entre ladridos, le canta
el terrible albino cánido.

El bicho

¿Escarabajo, cucaracha, grillo o saltamontes?
Sé que no es chicharra cantora, pues en silencio me confronta
y sus patas delanteras parecen lanzas puestas en guardia.
El pavor se antoja irracional al son de risas circundantes,
mas no puedo evitarlo al verlo tras lentes de aumento
que son los cristales de una puerta abierta de par en par.
Ya se acerca, se acerca y, como en tantas ocasiones,
me encuentra arrastrándome por el suelo, irónicamente.
La ominosa amenaza me arroja a través del espejo.
El miedo se escabulle a su oscuro rincón inconsciente.

Pregonero del crepúsculo

Aquí he venido a contarles;
pido que atención me presten:
la corriente fuerte arrastra
al camarón que se duerme.

Pregonero del crepúsculo,
canta con desigual voz
a las luces y a las sombras
cuando ya se pone el sol.

Me calma y su paz me entrega,
me alerta y me despierta,
para no vivir insomne,
para no morir en siestas.

Vigilante, me protege
cuando el carroñero advierte.

Si la tristeza me rapta
debo pagar un rescate,
pues justo es el tributo
por tamaño disparate.

Recuerden todos los versos
y yo que mi afrenta pague,
con ánimo que me preste
sereno amigo zanate.

Mariposa

Tú que sobre nubes vuelas
y los grandes mares cruzas
debes extender tu estela
y que sintamos la brisa
que levantas con tus alas
al juguetear sin prisa
entre flores que se abren
al Sol que brilla en el prado
donde la fresca hierba nace.
Débilmente aleteas
pero aunque pareces frágil,
escondes una gran fuerza.
La tormenta es tu aliada,
dominas la tempestad,
puedes surcar marejadas
y llegar hasta este faro
donde paciente te espero
tranquilo e ilusionado.
Te posarás en mi pecho.
De terciopelo es tu cama.
En lagos de caramelo
tú la sed podrás saciar y
entre el oro y azabache
nos espera nuestro hogar.