A empuñar en tus manos las armas fuiste obligado,
pero a una misión de amor te sentiste llamado.
La espada y tus riquezas arrojaron tus manos
y fue tu voluntad ser del lujo despojado.
De la humildad te convertiste en abanderado,
a todos y cada uno de los seres creados
con inconmensurable afecto llamabas hermanos
y al Sol y la Luna dedicaste tu canto.
Tu gran amiga Clara siempre estuvo a tu lado,
siempre juntos, codo con codo, mano a mano.
Entrega generosa fue vuestro trabajo.
Desde entonces permanece vuestro legado.
La muerte conociste al sentir traspasado
tu corazón después de tus pies y tus manos.
Entregaste la vida desde tu pecho horadado
en sanguíneo fluido por el estigma arrojado.