Elevados valores siempre defendió.
Como Gran Maestre, a los templarios gobernó
pero la tragedia fuerte lo golpeó
y hasta el fuego abrasador de la hoguera lo llevó.
Cuando tuvo que luchar, con fe se entregó
y ante la tortura, coraje demostró,
pero fue sometido a inmenso dolor
y el gran caballero en el juicio humano sucumbió.
El sueño de Tierra Santa se desvaneció,
confesó crímenes que nunca cometió
y en París de Francia ejecutado expiró,
no obstante, con tu muerte tu leyenda nació.
Justo antes de perecer, tu voz emplazó
antes de pasar un año al juicio de Dios
a los que dictaron tu sentencia sin razón
y al fin, Jacques de Molay, tu palabra se cumplió.