La somnolencia me atrapó en el lecho,
entre la bruma del cansancio oscura
y la alegría entre el sopor fue un hecho
que disolvió con fuerza la amargura
resplandeciendo enérgico en mi pecho
y dio comienzo entonces la aventura.
Entre tus brazos vi clara inocencia,
tu complacencia fue liberación
de aquel temor que como vil sentencia
me denegaba siempre redención,
pero le diste paz a mi conciencia
con unos labios llenos de emoción.
Quiero emprender contigo ese viaje
que, al descubrir tu ausencia, se acabara;
ahora me revisto de coraje,
una sonrisa se esculpe en mi cara,
con entusiasmo lleno mi equipaje
cual si la vida de nuevo empezara.