Vuelvo a llorar


Cuentan que, tras esa puerta
que sella esta habitación,
el silencio no es el dueño
y que grita el corazón
con la sana voz chillona de
alguna fuerte emoción.
¿Dónde está el punto de apoyo
para levantar el mundo
si la tristeza golpea
con furia de un recio puño
y el mundo no oye mis gritos
pues mi voz es la de un mudo?
Rechazando los peligros,
la puerta cerrada está,
tu mirada no la cruza,
no puedo ver más allá,
no sé escapar de esta celda,
no he aprendido a volar.
Al otro lado del muro,
me espera la libertad
y, de esperar, desespera,
mientras yo vuelvo a llorar.
Llorar, llorar,
he vuelto a llorar.