Séfora, hija de Madián, hija de Jethró,
con su padre y hermanas en el poblado vivió.
Era feliz en el desierto, pero en su corazón,
fuertemente palpitaba el deseo del amor.
Exhausto en su destierro al pueblo llegó
Moisés, que ante ti y tus hermanas su valor mostró
al defenderlas de Amalec el invasor.
Su padre, hombre hospitalario, se lo agradeció.
Sus hermanas lo adularon, mas su mente recordó
a aquella hermosa mujer que Egipto dejó.
Séfora pensó que amaría a otra, a ella no,
pero a pesar de todo, de ella se enamoró.
Le dio su apoyo constante cuando el mandato de Dios
lo devolvió a Egipto y su pueblo liberó.
Su amor resistió las luchas, desierto y dolor
y con bendición divina, junto a él permaneció.