Algo se enciende en mí;
es fuego poderoso,
la fuerza de una chispa
con bríos ardorosos.
Una llama que se alza
en rumbo a un paraíso
donde pueda saciarse
sin temer el abismo.
Una lumbre prendida
acrecienta la sed de mi boca,
pero aviva mi vigor
y todo mi ímpetu se desborda;
una pasión que me arde
con animosos dedos me toca.
Crepitando en la noche
en el inmenso mundo,
son fuegos de artificio
que duran un segundo.
Y vuelven a brillar
durante un nuevo instante
como un pequeño faro que
esplende infatigable.
Luz y dolor se funden
habitando en las ascuas
como un reflejo alterno
de desdicha y bonanza.